14/02/2011 #Artículo

Cuenta la leyenda que el primer bug de la historia se produjo en 1947, en el ordenador Mark II, el cual sufrió un fallo en un relé electromagnético. Al investigar donde estaba el problema, se sorprendieron al ver que una polilla había sido la causa del mismo, por lo que se asocio el termino “bug” (bicho) con fallo de software.

Más de medio siglo después, ya nos gustaría a muchos que todos los bugs que nos encontramos en nuestros videojuegos fuesen provocados por hormigas, polillas o curiosos caracoles dentro de nuestros sistemas. Pero la realidad es muy distinta: A medida que la industria evoluciona los productos que llegan a nuestras manos vienen acompañados de más y más “bichos”, dejándonos una sensación cada vez más real de que el producto que adquirimos, es sencillamente un producto inacabado…

Los que llevamos unos años en esto de los videojuegos, observamos asombrados como año tras año una situación que hace tan sólo una generación era considerada como “excepcional”, va transformándose desgraciadamente en habitual. Videojuegos rodeados de hype y grandes promociones son lanzados con un “pequeño” y común problema: No se han finalizado.

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