Filosofía y Religión en Shin Megami Tensei: Nocturne
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Escrito por Daniel J
26 de enero de 2010

Shin Megami Tensei: Nocturne

La serie Shin Megami Tensei (SMT), cuyo título que puede traducirse como “la verdadera diosa reencarnada”, ha sido quizá la más precoz en tratar temas religiosos y filosóficos de una manera que incluso hoy día podría describirse como altamente controvertida. Antes de examinar la tercera entrega, SMT: Nocturne, vamos a detenernos en el legado de sus antecesores.

Shin Megami Tensei (1992)

Al contrario que la mayoría de los RPGs de su tiempo, SMT no tomaba lugar en fantásticos mundos medievales, sino que se situaba en el presente, concretamente en el Japón de los noventa. La historia comienza cuando un experimento de teletransporte abre la puerta a un universo paralelo por el que comienzan a entrar centenares de demonios, sembrando la destrucción y el caos a su paso. El ambicioso general Goutou, miembro de una misteriosa secta, intentará controlar a los demonios para dar un golpe de Estado y hacerse con el control del gobierno. Ante la amenaza, Estados Unidos desencadena y holocausto nuclear en Japón para evitar que los demonios continúen su expansión, y las tropas americanas comenzarán a ocupar el país.

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La bomba atómica y el embajador de Estados Unidos

Los demonios de SMT son criaturas mitológicas de todas las religiones del mundo (incluida la judeo-cristiana), y por tanto el término “demonio” puede utilizarse indistintamente para describir a un ángel o a un incubo. Como se descubrirá más adelante, en realidad se trata de una guerra entre dos grupos de estos seres sobrenaturales: aquellos que sirven a la Ley y quienes siguen al Caos. El héroe intentará mediar en este conflicto con la ayuda de un programa informático que le permitirá invocar demonios para luchar por su causa.

La Ley se identifica con la paz, el orden y en última instancia Dios, mientras que el Caos promueve la guerra, la libertad y representa los intereses de Lucifer. Ninguna de las opciones es halagüeña ya que aunque la Ley podría identificarse con el bien, también acaba desembocando en una tiranía que requiere obediencia absoluta al Creador. Si sus seguidores consiguen instaurar el Reino de los Mil Años (un paraíso terrenal gobernado por Dios tras la segunda venida del Mesías, según las creencias cristianas) sólo unos pocos elegidos podrán acceder a él, mientras que los demás serán exterminados y caerán en el olvido. Por otra parte, aunque Lucifer proporciona libertad de acción y pensamiento, el resultado puede terminar fácilmente en anarquía y continuo sufrimiento para la humanidad.

Lo interesante de este juego es que el héroe puede escoger uno de esos caminos o desestimar ambos, creando un mundo gobernado por el ser humano donde exista un equilibrio entre y leyes y libertades.

Como habréis visto, no es de extrañar que este juego nunca viera la luz fuera de Japón. En el terreno político, la historia recuerda sospechosamente a los eventos que provocaron la Guerra del Pacífico: tenemos un líder militar que se hace con el control de Japón y una respuesta nuclear de Estados Unidos a la que seguirá una fuerza de ocupación. Ambos poderes (los militaristas japoneses y las tropas americanas) son identificados con dos grupos diabólicos que en su lucha por el poder acaban destruyendo Japón. En 1992 el mundo occidental no estaba preparado para tal crítica por parte de un videojuego.

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Referencias al cristianismo, desnudos y rituales ocultistas

Al margen del espinoso tema político, quedaban otros elementos no menos polémicos como los desnudos, rituales oscurantistas y por supuesto las inquietantes referencias al cristianismo, que aparece retratado como un culto dictatorial que requiere una obediencia absoluta. Sin duda, Shin Megami Tensei fue un juego que se adelantó a su tiempo con una trama tan original como provocadora.

Shin Megami Tensei II (1994)

Shin Megami Tensei II comienza treinta años después de los eventos de su predecesor. Aunque el protagonista de la primera entrega creó un balance entre la Ley y el Caos, (o quizá debido a ello) la guerra continúa entre ambas facciones. Tokio, el último refugio de la humanidad, ha sido parcialmente reconstruida como Tokio Millenium. La ciudad se divide en dos partes: el Centro, donde vive la élite sacerdotal y tecnológica, y Valhalla, la zona periférica donde las condiciones de vida son miserables y la lucha por la supervivencia es diaria.

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El protagonista, Aleph, es un luchador que ganará el torneo gladiatorio con el que se consigue la ciudadanía, requisito indispensable para poder acceder al Centro. Los sacerdotes, pertenecientes a la secta de la Ley (Dios) lo reconocen como el Mesías que acabará con los demonios y traerá el Reino de los Mil Años a la Tierra.

Al igual que en su predecesor, el camino no es tan sencillo como parece. Aleph se dará cuenta en su viaje de los abusos que el Centro comete sobre la población de Valhalla. Los combates para obtener el acceso al interior de la ciudad no son más que una replica de cómo va a ser el Reino de los Mil años: sólo los más fuertes accederán a los lujos del Centro, aunque tendrán que renunciar a sus libertades y someterse a la autoridad sacerdotal. Los demás correrán peor suerte: serán aniquilados sin remordimiento.

La sospechosa conducta del Centro y el posterior descubrimiento de que en realidad el protagonista no es el Mesías, sino una creación genética de la élite sacerdotal, harán vacilar al héroe, quien podrá escoger de nuevo el camino de la Ley (seguir al Centro), el del Caos (buscar a Lucifer) o el de la Neutralidad (desafiar a ambos poderes y crear un nuevo mundo).

Esta entrega fue quizá la más controvertida a nivel religioso, ya que aunque el protagonista puede enfrentarse a Lucifer y derrotarle, el enemigo final es Dios, que es presentado como la verdadera némesis de la humanidad, a la que ha esclavizado por medio de la fe. Dios aparece con el nombre de YHWH, las cuatro letras que se utilizaban en hebreo para referirse a Él y que se ha traducido como normalmente como Yahvé o Jehová. En este punto existe un debate sobre si realmente se refiere al Dios cristiano o sólo a la fuente de todos los dioses, porque el protagonista puede destruir a Yahvé, algo que será nombrado en la serie como “el último pecado” y que arrojará una terrible maldición sobre su protagonista. Acerca este hecho se ha especulado mucho, y es posible que Hiriji, personaje de SMT Nocturne, sea de hecho la reencarnación de Aleph. Sobre Hiriji se descubre que ha cometido un pecado “demasiado grave para ser nombrado” y por el cual está condenado a presenciar en infinitas reencarnaciones la creación y destrucción de la Tierra sin poder hacer nada por evitarlo. ¿Quien, además de Lucifer, podría haber hecho algo tan grave sino Aleph, el hombre que levantó la mano contra Dios?

De nuevo, este título jamás podría haber visto la luz en Occidente en 1994, cuando Europa y Estados Unidos comenzaban a preocuparse por la violencia de Mortal Kombat, probablemente mucho menos ofensiva que la traumática destrucción de Dios con un mando de Super Nintendo o la recurrente invocación de demonios como método para eliminar enemigos. SMT II es un producto muy japonés en ese sentido, algo que sólo sería posible en un país donde la población cristiana apenas llega al 2% y que presenta una perspectiva muy particular sobre una religión que todavía encuentra dificultades para hacerse un lugar en la sociedad nipona.

Shin Megami Tensei III: Nocturne (2004)

Los primeros títulos del universo Megaten que llegaron a Estados Unidos fueron Persona: Revelations y Persona 2: Eternal Punishment. La segunda parte de Persona contenía elementos tan controvertidos como asesinatos en un centro escolar, el resurgimiento de los nazis o terrorismo orquestado en grandes ciudades. Sin embargo, como suele ocurrir con muchos RPGs, la prensa no le prestó demasiada atención y Atlus decidió que al fin y al cabo no sería tan arriesgado lanzar al mercado occidental la tercera entrega de Shin Megami Tensei.

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Nocturne es quizá la más importante aportación a uno de los universos de mayor originalidad jamás creados, ofreciendo una visión cosmológica que integra a las más importantes religiones del mundo desde una perspectiva no occidental. Héroes, dioses y demonios de las mitologías nórdica, celta, india, o greco-romana aparecen juntos en este universo cuya base principal es una fusión de conceptos budistas y una particular interpretación de la tradición judeo-cristiana. El Apocalipsis bíblico, por ejemplo, incorpora los conceptos cíclicos de creación y destrucción propios de la espiritualidad budista y otras religiones asiáticas, mientras que Lucifer puede imbuirte con un poder demoníaco cuyo origen se remonta al shintoismo más primitivo. Estos conceptos espirituales se integran incluso en la propia mecánica del juego. El hecho de que la opción conocida como “new game plus” se llame aquí “nuevo ciclo” tiene que ver con las ideas de retribución kármica budista: lo que haces en una vida tiene efecto en tu próxima reencarnación. Del mismo modo, si consigues por ejemplo superar el desafío de las tumbas durante el “primer ciclo” (la primera vez que terminas el juego) ganarás un turno extra en los combates. La recompensa, sin embargo, no será inmediata sino que se aplicará a tu próxima existencia, cuando comiences un “nuevo ciclo” (es decir, al retomar nuevamente el juego después de haberlo completado).

Las diferencias culturales y religiosas de las sociedades japonesa, europea y estadounidense se vieron reflejadas en la recomendación por edades de este título. Mientras que en Estados Unidos el juego fue clasificado M (para mayores de 17 años, la misma obtenida por GTA San Andreas), en Europa recibió un 12+ y en Japón se etiquetó para todos los públicos. Por tanto, no fueron el sexo o la violencia los factores decisivos a la hora de recomendar la edad de los jugadores, sino los temas religiosos y filosóficos subyacentes, que se consideraron más o menos controvertidos por cada una de las sociedades.

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Belcebú, Señor de las Moscas

La historia de Nocturne se desarrolla nuevamente en el Tokio actual. A diferencia de muchos títulos donde el objetivo es salvar el mundo, el protagonista presencia la destrucción del planeta a los 30 minutos de juego en un aterrador evento llamado “la Concepción“. El panorama es desolador: la civilización ha desaparecido y los demonios campan a sus anchas por las ruinas de lo que en su día fue una de las metrópolis más importantes del mundo. Sólo seis humanos han sobrevivido, entre ellos el protagonista Hitoshura. ¿Cómo seguir adelante? ¿qué hacer cuando ya no queda nada que salvar? Lo que en muchos juegos podría ser el final, aquí sólo es el principio.

Este punto de partida es tan inquietante como atractivo. Los pocos supervivientes llegarán a saber que el mundo está a punto de renacer, y sólo uno de ellos podrá moldear la nueva realidad conforme a sus ideales. Dios ha destruido la Tierra, pero volverá a crearla para darle otra oportunidad al género humano. Cómo será este nuevo mundo dependerá de las acciones y creencias de los supervivientes. Sin embargo, al contrario de lo que cabría esperarse, éstos no se agrupan para hacer frente a las dificultades de la nueva realidad. Cada uno perseguirá su propia visión de como ha de ser el mundo, consiguiendo seguidores entre los demonios y eliminado los demás humanos que se interponen en su camino.

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El protagonista será abandonado a su suerte, y sobrevivirá gracias a un “regalo” del misterioso niño que se revelará más tarde como Lucifer: un parásito llamado magatama que le transformará en demonio, con el poder necesario para sobrevivir en el infierno en que se ha convertido la Tierra. Es curioso que la fuente de tu poder y tu propia supervivencia no hayan sido obra de Dios, sino del Diablo, que fiel a su filosofía te dará la libertad para elegir el camino que creas más conveniente. Del mismo modo, los humanos dejan de ser de fiar, y para sobrevivir tendrás que contar con la ayuda de quienes eran en un principio tus enemigos: los demonios. Ellos serán tus compañeros de viaje e incluso tendrás la oportunidad de convertir a muchos de ellos a tu causa si respondes correctamente a ciertas preguntas de acuerdo con su filosofía. Rompiendo una vez más los moldes de los RPGs tradicionales, esta vez no eres el héroe, sino “el otro”: un demonio que observará la batalla entre los humanos, verdaderos protagonistas de un mundo que está por venir. Este papel periférico, bastante inusual en otros títulos, no impedirá que tus acciones puedan alteran el rumbo de la historia, dependiendo del líder al que decidas apoyar.

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Dependerás de otros demonios para sobrevivir

Al transformarse en demonio, Hitoshura pierde la posibilidad de moldear el mundo según sus creencias (referidas en el juego como “razones”), y ha de escoger a quien entre los humanos desea seguir. Aunque Dios y Lucifer se encuentran presentes en esta tercera entrega, esta vez lo hacen como observadores. Ahora el conflicto se desarrolla en torno a tres poderes neutrales, representados por las filosofías de los supervivientes:

Yosuga: la “razón” de Chiaki se basa en la fuerza y la belleza. El mundo llegó a su perdición porque estaba plagado de mediocridad, y Chiaki decide que la nueva Tierra ha de prescindir de esos elementos y ser gobernada por los más poderosos. Esta “razón” es similar a la Ley de SMT II: sólo los bellos y fuertes consiguen el acceso al paraíso. El hecho de que la mayoría de los seguidores de Chiaki sean ángeles de los nueve coros celestiales nos puede llevar a pensar que esta filosofía es la favorita de Dios para la nueva Creación. Sin embargo, es inquietantemente similar a la cultura de la antigua Esparta, las ideas de Nietzsche o el Darwinismo social.

Shijima: la filosofía de Hikawa se basa en la quietud budista. En este nuevo mundo el deseo es aniquilado, y la humanidad vive en armonía con la naturaleza. Se trata de una razón que busca el silencio y la paz sacrificando aquello que nos hace sentir humanos. Un mundo gris en el que el sufrimiento no existe, ya que su causa ha sido eliminada.

Musubi: la filosofía de Isamu es quizá la más sorprendente: se trata de la individualidad suprema. Lo que propone es que cada persona pueda crear su propio paraíso personal, donde el límite sólo está impuesto por la imaginación. Sin embargo, la interacción entre distintos individuos es imposible, ya que cada uno vive en su propio universo imaginario.

Como ocurría en los anteriores SMT, el protagonista también tiene la opción de negarse a seguir cualquiera de estas filosofías y forjar su propio destino, que puede desembocar en la búsqueda de la libertad humana o en el camino de Lucifer, quien te utilizará para librar la batalla final contra Dios. La opción de rechazar las tres filosofías más importantes no está clara desde el principio, ya que se da por hecho que el protagonista, al ser un demonio, no puede crear su propio camino (algo reservado a los humanos). Sin embargo, el jugador puede burlar al destino rechazando someterse a las creencias de los demás.

La búsqueda de un mundo en el que predomina la libertad humana no será del agrado de nadie, ni siquiera del gran poder al que has de enfrentarte para moldear el mundo según tus deseos: Kagatsuchi. Al fin y al cabo, Dios otorgó al ser humano el don de la libertad y los hombres hicieron de él un uso terrible, convirtiendo el planeta en un lugar plagado por la miseria y el sufrimiento, ¿pero existe una alternativa mejor? Por otra parte la lucha entre Dios y Lucifer es secundaria en este título, y sólo se desarrolla si escoges luchar por el segundo en lugar de seguir las filosofías humanas. En ese caso, tendrás que desafiar las órdenes del arcángel Miguel y batallar con este formidable representante de Dios. Tu objetivo será destruir el ciclo de la creación, preparando el terreno para la batalla final entre las fuerzas del orden y el caos, que no representan necesariamente al bien y el mal.

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El Laberinto de Amala

La historia de este conflicto secundario (y opcional) entre Dios y el Diablo se desarrolla principalmente en un universo paralelo conocido como el Laberinto de Amala. Se trata ni más ni menos de la guarida de Lucifer, un lugar donde el tiempo y el espacio no existen; una puerta al infierno. Esta extraña zona se divide en cinco kalpas, unidad empleada en la tradición védica para representar las edades del universo, y los eventos ocurridos allí pueden afectar el rumbo del mundo real y la suerte del personaje principal.

Esta aventura paralela tiene lugar si aceptas recuperar los candelabros que diez poderosos demonios robaron a Lucifer. Entre ellos se encuentran los cuatro jinetes del Apocalipsis, el trompetista del Día del Juicio Final, un motorista infernal y el mismísimo Dante, protagonista de la serie de videojuegos Devil May Cry. Lucifer te dará el último candelabro que le quedaba, y dado que estos objetos se atraen unos a otros, te será fácil saber donde están tus enemigos, aunque para ellos tampoco será complicado localizarte. Debido a que los candelabros abren las puertas que permiten el acceso a los kalpas más profundos de Amala, que contienen energía y tesoros deseados por muchos demonios, la persecución es implacable y los combates son terribles. Luchar contra Dante es especialmente duro en el segundo encuentro: tendrás que correr por tu vida durante buena parte del tercer kalpa, y cuando estés acorralado deberás desplegar todo tu poder y el de tus demoníacos aliados para sobrevivir a una lucha desesperada. Esta persecución por parte del famoso cazador de demonios refuerza tu papel como “el otro”, un demonio a quien el carismático protagonista de otra serie viene a dar caza.

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Los Portadores del Candelabro

La inclusión de un personaje tan conocido como Dante en la tercera parte de Shin Megami Tensei fue mal acogida por los fans de la serie en un primer momento. Con ciertas actitudes elitistas muchos se negaban a aceptar a alguien tan popular en un universo que había sido exclusivo de un grupo minoritario pero leal de jugadores. Ciertamente un personaje de acción tan espectacular como es Dante era difícil de imaginar en el mundo de silencio y misterio de Shin Megami Tensei. Sin embargo, Dante aparece muy poco, y de hecho el jugador puede terminar Nocturne sin encontrarse con él ni una sola vez. Sin embargo, cuando aparece, es ese contraste entre el silencio del mundo y la acción salvaje de Dante el que ha hecho de ésta una de las mejores aportaciones del juego, y con justicia he de decir que mis dos enfrentamientos contra él puedo contarlos entre algunos de los momentos más emocionantes en mi experiencia como videojugador. Su inclusión no fue forzada y se hizo respetando tanto el universo Megaten como el propio carácter del personaje.

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Dante da caza a Hitoshura (primer encuentro)

Nocturne no fue tan polémico como sus antecesores, aunque detalles como que el protagonista pueda desobedecer una orden directa de Dios o enfrentarse a ángeles como Gabriel, quien anunció la Concepción de Cristo a la Virgen María y reveló el Corán al Profeta Muhammad (Mahoma), no es un tema que pueda tomarse a la ligera. Especialmente porque tras la destrucción de Gabriel ganas la posibilidad invocarlo posteriormente, colocándolo bajo tu control. También puedes hacer lo mismo con la Gran Ramera de Babilonia, figura bíblica del Apocalipsis que aparece montada en la bestia de siete cabezas y diez cuernos. Nadie, ni siquiera Belcebú o el Arcángel Miguel, se encuentra a salvo de ser derrotado a tus manos y ser invocado posteriormente como esclavo.

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La Gran Ramera de Babilonia en la Biblia y Nocturne

Al igual que los anteriores títulos, Nocturne también habla de la naturaleza humana. Hitoshura, convertido físicamente en demonio, ha de luchar constantemente para no perder la humanidad contenida en su alma, algo que dependerá de las decisiones que tomes durante el juego. Sin embargo, son el resto de supervivientes quienes mejor reflejan la crítica que este juego realiza sobre la naturaleza del hombre. Incluso en las circunstancias más adversas, los que habían sido tus compañeros antes de la Concepción son incapaces de colaborar hacia un objetivo común. El ansia de poder les consume hasta tal punto que desencadenan una lucha fraticida en la que la gran víctima es la propia humanidad de los personajes, quienes se acaban transformando, tanto física como psicológicamente, en seres mucho peores que los demonios por quienes en un principio sentían terror.

Esta crítica a la naturaleza humana también puede observarse en los diálogos que ocasionalmente entablas con demonios y almas en pena. En un momento determinado, uno de los espíritus te preguntará si eres humano o demonio. Sorprendentemente, si respondes que eres un demonio te recibirá amablemente, pero si le dices que eres un humano no querrá saber de ti, porque considera que son muy crueles. A primera vista puede parecer extraño, pero si pensamos en el sufrimiento que ha ocasionado el ser humano a sus congéneres a lo largo de la historia (el Holocausto por ejemplo) quizá su razonamiento no sea una locura después de todo.

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Chiaki pierde progresivamente su humanidad

El proceso de deshumanización que sufre tu personaje y el resto de los humanos refuerza la soledad y el silencio que rodea al juego. Dado que tu grupo lo conforman demonios de los que puedes prescindir y a los que has de reemplazar con frecuencia, las conversaciones con tus compañeros son inexistentes. A excepción de los combates, la única figura que verás recorriendo ruinas y edificios abandonados será la tuya. No hay nada parecido a una “ciudad” o un “pueblo” donde puedas hablar con otras personas y descansar. Los encuentros son susceptibles de aparecer en cualquier parte, nunca hay descanso y te encuentras constantemente amenazado por ellos. Además, por la propia mecánica de los combates (basada en resistencia y debilidades elementales), un encuentro “normal” puede eliminar a todo tu grupo sin problemas, por lo que muchas veces te juegas la vida en cada combate. Si Atlus pretendía hacer que el jugador se sintiera sólo, desamparado y constantemente amenazado por demonios que intentan acabar con su vida para reflejar como sería la existencia tras el Apocalipsis, sin duda hicieron un gran trabajo.

A nivel filosófico, la idea principal es que no existe un conflicto claramente definido entre el bien y el mal, sino entre distintas ideas que buscan configurar un nuevo mundo. Cuando terminamos cualquier RPG, lo normal es que sintamos la satisfacción de un trabajo bien hecho, pero no ocurre así en Nocturne. Sigas el camino que sigas, y llegues al final que llegues de entre los seis posibles, siempre te preguntarás si has hecho lo correcto, incluso después de haber dejado el mando a un lado y apagado la consola. Esta invitación a la reflexión es la que convierte a este título en un juego único; la indicación de que la madurez del sector quizá no sea una meta lejana en el tiempo, sino que se encuentre ya presente en algunos títulos cuyo éxito comercial no ha sido tan visible. Elementos como la violencia o sexualidad han hecho que el medio pasara de la infancia a la adolescencia, pero sólo ideas provocadoras como las de SMT conseguirán que alcance su madurez. Al fin y al cabo, podemos tirotear zombis en decenas de títulos, ¿pero cuantos te preguntan cómo querrías que fuera el mundo si pudieras crearlo conforme a tus ideales?

Fuente: Videojuegos y Sociedad

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4 comentarios

Mira, lo conseguí hace poco de segunda mano. A ver cuándo le pongo la zarpa encima, que tengo la PS2 criando polvo, pobrecita.

27 de enero de 2010 a las 17:45
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Gran review. Gracias Daniel!!!!

27 de enero de 2010 a las 23:52
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Autor de Infoconsolas
#3

@Gerardo

Creo que te gustará, porque aunque no lo parezca en varios sentidos tiene el espíritu de muchos RPGs de 8-bits.

@rave_dj

Gracias a ti, me alegro que te haya gustado.

28 de enero de 2010 a las 3:57
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Autor de Infoconsolas
#4

A ver cuando me toca la primitiva y tengo más tiempo libre… 1 juego más para la cola.

28 de enero de 2010 a las 16:50
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