
24 de diciembre de 19XX. Tras un par de días sin colegio en los que te has dedicado exclusivamente a jugar y a hacer el ganso, te levantas con ojeras (la última sesión de vicio terminó sobre las 4 de la mañana) pero con una alegría indescriptible. ¡Hoy es el gran día! ¡Hoy es nochebuena!
Siempre te han encantado estas fechas. Puede ser que para muchas personas sean unas fechas artificiales y tristes, pero no para ti, ya que desde pequeño tu padre se encargó de inculcarte el amor por la navidad. Esta época del año es tu favorita: Ves a toda tu familia reunida, tienes tiempo de sobra para jugar todo el día y tu única preocupación es “interceptar” el boletín de notas para volver a depositarlas prudentemente otra vez en el buzón una vez pasen las navidades…
Por ello, te vistes rápidamente y vas al videoclub más cercano a alquilar algún título que llevarte a la boca, pensando sobre todo en coger un título multiplayer, para disfrutar de los tradicionales piques navideños con tus primos. Malas fechas, prácticamente todo está cogido, excepto aquel título de lucha que tanto te gusta. “Bueno, tal vez a ellos también les guste” piensas inocentemente mientras vuelves a casa entre villancicos y adornos rojos y blancos.
Al llegar a casa, dejas el juego sobre la mesa de tu habitación y te dedicas a montar junto a tus padres y hermanos el árbol de navidad y el Belén. Una vez más, tus padres piensan que su hijo tiene algún tipo de problema mental al verte colocar aquella pequeña figura de Mario en el pesebre. Como siempre, rapapolvo y Mario expulsado del Belén.¿Hubieran dicho lo mismo si hubiera puesto a Sonic en lugar de la mula?”, comentas jocosamente con tu hermano pequeño durante la comida.
Un par de horas después comienza a llegar la familia. Llegan tus tíos y tus primos de Murcia, los que viven fuera y solo ves en estas fechas. Entre abrazos y besos tu tío te amenaza: “Ve conectando la consola nene, que este año no me ganas a las navecitas”. Desde hace años tenéis un pique especial al “Galaxians” de NES, de forma que todos los años caen siempre unas cuantas partidas para ver quien consigue la más alta puntuación, ante el aburrimiento y la cara de asco de tus primos y hermanos, que no entienden como podéis seguir jugando a “eso” habiendo juegos mucho más avanzados. Unas cuantas partidas después, tu tío se marcha con la felicidad de haber superado tu puntuación en su última partida, y enfila el camino del salón para compartir anécdotas y copas con los “mayores”.
La familia sigue llegando, mientras que conectáis la consola para darle caña al juego de lucha que alquilaste, ese que te gusta tanto. Tras unos cuantos combates muy igualados en los que la diversión y las risas son la nota predominante, decidís cambiar de juego y poner ese “shoot´em up” que compraste hace unos meses con tus ahorros. Al no tener multiplayer, decidís que cada uno jugará una vida, y cuando le maten pasará el mando al siguiente. Poco dura este juego puesto, ya que tus primos mayores hacen acto de presencia en la habitación, con lo que la familia está al completo en casa, 30 personas en un piso de 90 metros cuadrados, ¡Esto solo ocurre en navidad!
Tus primos mayores también adoran los videojuegos, pero ellos se centran solo en un género: FUTBOL. Como siempre, lo primero que dicen es que vayamos a alquilar algo “decente”, ya que lo que tenemos puesto es, con perdón, “una puta mierda”. Quieres a tus primos mayores con locura, y son un referente para ti, pero son de un cerrado con los videojuegos que da angustia. Aun así, y como ellos pagan el alquiler, cogéis todos los primos los abrigos y vais al videoclub en manada a alquilar algo de fútbol.
Tras una dura pelea en el videoclub (es muy difícil que 12 personas elijan un solo título) decidís llevaros el mismo videojuego al que jugasteis las navidades pasadas (en su edición de este año, eso si) principalmente porque todos sabéis jugar y la cosa estará más igualada. No estás muy de acuerdo, pero para ti lo más importante hoy es estar todos juntos, por lo que cedes amablemente aunque ese título te parezca una basura que incluso va empeorando año tras año…
Tras una pequeña “guerra” de bolas de nieve en el parque cercano a tu casa contra aquellos chavales tan desagradables (la cual terminó cuando tu primo mayor tuvo la “feliz” idea de cubrir una piedra con nieve y lanzarla a la cabeza de uno de ellos) volvéis al cálido hogar, donde los mayores ya llevan alguna copilla y la alegría se ha desbordado completamente.
Tras poner el juego y elegir cada uno su selección favorita, comienza la “liga familiar”, que os llevará a competir durante toda la noche. Solo un par de partidos después, vuestra tía entra en la habitación para avisaros amablemente de que la cena está lista. “Cuando terminemos este partido”, dice tu primo mayor entre risas. A los cinco minutos, tu tía vuelve a entrar (esta vez de forma menos amistosa) mentando a la madre que os parió y amenazando con cortar los cables de la consola si no hacéis acto de presencia en el salón inmediatamente. Ante dicha amenaza y entre risas, todos os dirigís al salón donde comenzará la cena.
Comilona, risas y discusiones familiares encubiertas, termináis de cenar y los “mayores” sacan los dulces, las botellas con licores y apartan las mesas para bailar. Uno de tus tíos pone la música a todo volumen, sonando “La campanera” de Joselíto como si estuvierais en cualquier discoteca de Valencia. Viendo como se pone el panorama, es el momento de que vayáis a continuar la “liga familiar” a tu habitación durante toda la noche, no sin antes hacer acopio de cajas de bombones, dulces, coca-colas y alguna botellita para que tus primos mayores puedan echarse una copa también.
¿Quien ganó la liga tras 6 horas de juego?. No importa demasiado, pero sabes que al día siguiente la cosa continuará con la comida familiar tradicional, en la que ya jugaremos a otros juegos (sorprendentemente, los primos mayores también se cansan de los juegos de fútbol) y en la que, sobre todo, podréis seguir disfrutando de la compañía de toda vuestra familia reunida, entre piques y risas sobre lo acontecido en la noche anterior, hasta que cada uno se despida hasta el día de reyes y vuelva a su casa a “reposar” los excesos de la nochebuena y la navidad.
Este pequeño texto va dedicado para todos aquellos que amáis la navidad, y sobre todo a mi familia, que son los que seguro se van a sentir identificados. ¡os quiero chicos!
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!
Nota: ¿Teneis curiosidad por saber a que títulos o sistemas hago referencia en este artículo? No dejéis de visitar mi weblog para ver un artículo sobre mis mejores recuerdos navideños relacionados con los videojuegos.
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3 comentariosDeja un comentario
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colección
Ja ja, me he sentido ampliamente identificado con algunos pasajes. Sin embargo, me quedo con mi modo de “celebrar” las fiestas desde hace años: yo solito en mi pisito comiendo fideos instantáneos. Qué gozada, oiga. ^_^
Pues a mí me ha deprimido este escrito… Aunque me alegra ver que el señor Imsai8080 ha disfrutado de una infancia Navideña bastante buena.
colección
En ningún caso era mi intención deprimirle, le pido disculpas por ello, pero no era la intención del texto, más bien todo lo contrario, recordando que las navidades puede ser una época bellísima si lo tomamos desde un prisma adecuado.
Y se lo dice alguien que estas navidades las está pasando como buenamente puede, pero sin que su espíritu navideño muera, eso por supuesto.
Salu2 y felices fiestas